“Todo es pasajero”
Dicen en español que “todo es pasajero,” y me encanta la idea de que sea cierto. Hace más llevadero lo difícil, y más precioso y delicado lo que más amamos. Por eso es un placer para mí pensar en la constancia de la práctica y de la música en mi vida. He mudado de pieles, de personalidades, de amores, y de amistades; y aunque no soy ni la mitad de lo que era, este vínculo se compró un one-way ticket. Se ha convertido en tan parte de mí, que lo siento como cuando le dicen a uno que aprenda a quererse, que uno va a estar con sigo mismo toda la vida. Así andamos nosotros, aprendiendo a amarnos, a soportarnos, a descricubrirnos, y a mantener la esperanza ardiente de que nunca nos conoceremos del todo, por lo tanto nada se da por sentado, ni se asume, y permanece una sensación, o más bien una oportunidad para el asombro: la sorpresa de una respuesta distinta, de una reacción nueva.
Reconociendo lo inevitable de lo efímero, aun así me rebusco razones para amar con todo pulmón lo que ahorita logro contar como mío. Más que mío, lo que logro reconocer como propio de esta era: una complicidad, una pregunta necesaria, un momento para hacer nada juntos.